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30 noviembre 2011

¿REINVENTAR EL PUERTO DE LA CRUZ?

HERZOG

Nada se esconde bajo el Sol y aunque pudiera parecer que todo ha sido descubierto, aún  queda mucho por explorar en el universo de las posibilidades. Si todo está inventado como se dice, incluso el Puerto de la Cruz como primer destino turístico de las Islas y, posiblemente, de España, la realidad nos muestra que se tendrá que reinventar este magnífico destino, enclavado en un entorno realmente envidiable por paradisíaco por cuanto atesora uno de los mejores climas del mundo. Nunca olvidaré las expresiones del fundador del parque temático “La Bananera El Guanche”, Robert Carayón, un hombre enamorado de Tenerife, y que sentía una auténtica devoción por el Valle de La Orotava y que tras recorrer gran cantidad de países, tuvo la oportunidad de comparar y confrontar los diferentes ambientes con el reinante en el corazón mismo de la primera isla de Canarias, por su amplitud, recursos e incomparable belleza, sin menoscabo de las restantes que conforman el archipiélago.

La crisis de valores y psicológica del Puerto de la Cruz tiene una de sus raíces principales en el cúmulo de oportunidades perdidas y en errores, quizás inasumibles para las nuevas generaciones de gestores públicos, empresarios y trabajadores, pero, posiblemente, susceptibles de corrección. Uno de los errores palmarios viene representado por el desafortunado traslado del Casino Taoro al complejo turístico de Martiánez y el virtual abandono del edificio que albergó al emblemático Hotel Taoro, que según se ha señalado en medios del Cabildo de Tenerife, se plantea redefinir su uso futuro, e incluso, se ha sugerido la posibilidad de que la sala de juego que hizo historia en la década de los años 80 del pasado siglo, retorne al lugar de donde no debió haber salido nunca. Al menos, es una posibilidad que fue esbozada recientemente en una entrevista televisiva por el consejero insular Carlos Alonso. Aquel traslado, hay que reconocerlo, tuvo como aspecto positivo la remodelación del otrora “buque insignia” del turismo del Puerto de la Cruz, pero que ya tenía definido su cometido como oferta de ocio y de restauración. La sala Andrómeda tuvo su época gloriosa con las galas OTA del Club de Vacaciones y sus espectáculos nocturnos que marcaron una impronta en las atracciones de la ciudad, junto con establecimientos de referencia como el antiguo Columbus, las salas de fiesta y terrazas, Oasis Playa, El Poncho y Kalipsos, discoteca Victoria, ya desaparecidos, aunque todavía sobrevive el mítico Café de París. La desaparición  de las citadas salas de fiesta y discoteca y del Columbus asestó un duro golpe a la noche del Puerto de la Cruz. Las cafeterías de Martiánez fueron incapaces de llenar aquel vacío y desde hace más de dos años aguardan su demolición y transformación, dado que el remedio que suponía su edificación fue peor que la detectada y pretendida enfermedad de franja litoral, donde se ha tirado literalmente el dinero. La prueba reside en que se tendrá que redefinir todo ese paseo marítimo y acometer con urgencia la necesaria escollera de protección para salvaguardar la playa de los embates del mar en invierno.El Puerto de la Cruz necesita un cambio de mentalidad, menos rigideces administrativas, un planeamiento urbanístico más flexible y abierto a esas ansias de cambio de sus gentes, y sobre todo voluntad política y compromiso emprendedor.
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