23 marzo 2009

¿Cuándo se hará realidad el parque marítimo?

Esteban Domínguez
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HAY UNA VIEJA promesa política en el Puerto de la Cruz desde 1970 que aún no se ha cumplido. Me refiero al futuro Parque Marítimo, y creo recordar que ese viejo proyecto se presentó en el ayuntamiento ese año. Como verán, han pasado 39 años desde que fue presentado a bombo y platillo en el salón de plenos de las las casas consistoriales de la querida ciudad portuense, y creo, a estas alturas, está enterrado de las manos de nuestros políticos. Aquellos de antes, y los de ahora, en plena democracia. A ese proyecto, le han dado infinidad de vueltas, de cambios, de ideas que de una u otra forma nunca se han plasmado en realidad. Y pesa sobre la ciudad una gran deuda o losa que hasta el momento es una pesadumbre, dado que no hay manera que ese proyecto tantas veces modificado o rectificado, se haga realidad. sin embargo vemos como el Sur de la isla avanza a pasos agigantados, no existen impedimentos a la hora de realizar cualquier proyecto, salvo el Puerto de Granadilla, al que los ecologistas, con o sin razón, le han puesto muchas dificultades por aquello de conservar los cebadales allí existentes, pero, por otro lado, vemos cómo las administraciones del Estado apoyan cualquier iniciativa, pública, mientras que al Puerto de la Cruz parece que tanto desde el Gobierno de Canarias, como desde el Cabildo Insular, primera Institución de la Isla, se le está negando a la primera ciudad turística de Canarias y de España el pan y la sal, pero también es verdad que a los políticos portuenses a los que meto todos en el mismo saco, les han faltado coraje y amor de madre, para dar en su momento oportuno un verdadero puñetazo sobre la mesa. Ya va siendo hora que las autoridades portuences, empresas hoteleras y comerciantes se pongan de acuerdo e inviten a la ciudadanía a salir a la calle, porque el Puerto de la Cruz necesita cambiar su rumbo, y tomar el pulso que la hizo popular y elegida en toda Europa para que aquí llegaran las grandes masas de turistas. Hoy la ciudad marinera y tan querida de todos pasa por unos de sus peores momentos de su historia, y vemos como aquel gran hotel Taoro, mansión de reyes y jefes de estado y de gobierno elegían este lugar apartado del ruido cotidiano para descansar. Hoy aquellas frías paredes de aquel edificio, están vacías, pero junto a este edificio emblemático del Puerto de la Cruz, y dada la crisis en que vivimos, se me antoja que otros cuantos hoteles pueden cerrar sus puertas porque pasamos por unos momentos nada gratos, y si a estos inconvenientes que yo considero graves, le unimos la dejadez política, las pocas ganas de sacudir el polvo y de renovar a la ciudad, tengo que darle la razón por una vez a Pepiño López. La mordaza no existe, y hoy podemos hablar con claridad y respeto, pero exigiendo como ciudadanos, lo que la ley nos ampara. Y los portuenses deben de ser más exigentes antes los organismos oficiales, porque desde La Laguna hasta Buenavista del norte, hay muchos municipios apartados de los planes tanto del Cabildo Insular, como del Gobierno de Canarias, con Paulino Rivero a la cabeza seguido de don Ricardo Melchior. Esperemos que los proyectos del Puerto de la Cruz salgan adelante cuanto antes, no dejemos morir a la "gallina de los huevos de oro". Pero vemos como pasan los días, los meses y los años; 39 desde la presentación de aquel ahora viejo proyecto, y todo se ha quedado en un bloque de hielo, en una mentira trapera que ni el Puerto de la Cruz se merece, ni sus autoridades, ni sus vecinos ni quienes la visitan. Piensen que el futuro de esta ciudad está en sus manos, y los lamentos, también el de muchísimas familias, de aquí y de otros lugares de la isla, por consiguiente, seamos conscientes de la realidad. El Puerto de la Cruz no puede ser excluido de los planes del Gobierno de Canarias ni del Cabildo, instituciones que deben de demostrar mas empeño con esta ciudad que tanto pan ha generado para tantas familias que aquí han acudido a trabajar. Para Pepe López un DIEZ de todo corazón porque muchas veces habla sobre el Puerto, con el corazón en los labios, y aunque no sea santo de mi devoción, reconozco el amor que siente por su ciudad.